La presencia de cárteles y grupos considerados terroristas en Michoacán incrementa la violencia y afecta la economía regional, en un contexto de- inseguridad persistente. Michoacán enfrenta un endurecimiento en su panorama de seguridad debido a la presencia de múltiples organizaciones criminales que operan en al menos 45 de sus 113 municipios. Estas agrupaciones, dedicadas al tráfico de drogas, extorsión, secuestros y venta ilícita de armas, han consolidado un poder que desafía la autoridad estatal y federal. La proliferación de estos grupos está vinculada a décadas de abandono y a la competencia por mercados ilegales, lo que ha provocado un aumento sostenido en la violencia, con cifras de homicidios que superan las 1,000 registros anuales desde 2016, alcanzando picos cercanos a los 2,000 en años recientes. El territorio de Michoacán es particularmente estratégico debido a su producción agrícola, entre ellas limón, fresa y especialmente aguacate, cuyo valor en exportaciones internacionales representa millones de dólares, principalmente hacia Estados Unidos. Esta dependencia del mercado externo ha atraído la atención de organizaciones criminales, incluyendo algunos de los cárteles más peligrosos del país, que buscan controlar el comercio para extender su influencia y recursos ilegales. La reciente declaración de Estados Unidos sobre seis organizaciones mexicanas, incluyendo grupos con presencia en Michoacán, como organizaciones terroristas, evidencia la gravedad de la amenaza y la vinculación entre criminalidad y terrorismo en la región. La combinación de disputas internas, corrupción, protección de actores políticos y el aprovechamiento de recursos naturales convierte a Michoacán en un escenario complejo que requiere atención integral y coordinada. La presencia de grupos como el Cártel de Jalisco Nueva Generación y Cárteles Unidos, que operan en múltiples municipios, ha intensificado enfrentamientos y acciones violentas, poniendo en riesgo tanto a comunidades como a
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