Ciudad de México, CDMX. - La confianza hacia Morena ha caído drásticamente ante la creciente percepción de fracturas internas y agresiones entre sus miembros. A inicios de septiembre, la intención de voto del partido es del 33.4% según Mitowsky, pero su imagen positiva se deteriora en medio de pugnas por candidaturas que cada vez se tornan más violentas.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha intentado proyectar unidad, pero sus afirmaciones de que “aquí no hay divisiones” contrastan con una realidad donde emergen facciones y luchas de poder internas. Desde el grupo obradorista que defiende el legado de Andrés Manuel López Obrador hasta el bloque sheinbista, las disputas agravan una atmósfera tensa, marcada por agresiones en estados como Sinaloa y Oaxaca.
Los aspirantes a candidaturas se desacreditan públicamente, mientras 12 estados aún carecen de candidatos oficiales, lo que refleja la falta de control del partido sobre sus integrantes. Aunque Morena mantiene una ventaja electoral clara, la perspectiva de una disolución interna comienza a asustar a la ciudadanía.
Los dirigentes del partido enfrentan críticas. Claudia Sheinbaum, aunque figura como líder, es cuestionada por su papel en las divisiones. Por otro lado, la familia de López Obrador enfrenta un rechazo creciente, asociándose más con privilegios que con un servicio al pueblo. Muchos líderes locales son vistos como representantes de intereses de feudos más que como verdaderos servidores públicos.
A medida que se intensifican las pugnas, el discurso de unidad pierde su impacto. La desconfianza crece entre la ciudadanía, que cada vez ve a Morena menos como una alternativa transformadora y más como un grupo político tradicional. El futuro del partido está marcado por la incertidumbre, y su capacidad para reconectar con su base podría definir su éxito electoral en el próximo proceso en 2024.
Con información de quadratin.com.mx

