Madrid, España. - La música en el cine, las series o la publicidad es mucho más que un mero gusto estético; su uso implica un trabajo legal complejo que puede parar la distribución de un proyecto audiovisual. Según Jesús Nogués, abogado de Elzaburu, muchas productoras cometen el error de considerar la música una transacción sencilla.
A menudo, se asume que con una autorización genérica para usar una canción es suficiente, un concepto que no responde a la realidad. Nogués explica que “en la industria audiovisual todavía es habitual hablar de ‘los derechos de una canción’ como si se tratara de un único sello”. Sin embargo, el uso de música en producciones abarca una serie de derechos superpuestos que deben ser gestionados cuidadosamente.
Este entramado legal se divide entre los derechos de la obra musical—que pertenecen a compositores y editoriales—y el fonograma o máster, que corresponde a intérpretes y productores. Tener el permiso del compositor no garantiza el uso de la grabación de un sello discográfico específico.
La fragmentación del consumo en plataformas de streaming ha creado la necesidad de un control riguroso conocido como clearance musical. “Una autorización incompleta puede traducirse en bloqueos de contenido en plataformas y reclamaciones por infracción de derechos”, agrega Nogués, quien también destaca que a mayor popularidad de la música, más complicada y costosa es su gestión legal.
Ante estos desafíos, muchas productoras optan por crear música original o recurrir a catálogos preautorizados, lo que ha transformado la gestión de derechos en un componente clave para el éxito financiero de cualquier proyecto audiovisual actual.
Con información de lawandtrends.com

