El organismo regulador de telecomunicaciones reemplaza al IFT en una transición rápida que genera dudas sobre su autonomía y objetivos futuros. En un movimiento que tomó por sorpresa a muchos en el sector, se concretó la desaparición del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y la creación de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), sin un anuncio oficial por parte del gobierno. La transición fue acelerada, involucrando el cese de operaciones de sus comisionados y la salida de más de 1,200 trabajadores, en un proceso que culminó en pocas horas y sin detalles claros sobre el rumbo del nuevo organismo. El cambio ocurre en un contexto en el que el antiguo IFT dejó un legado de trabajo en ampliar el acceso a internet, telefonía, radio y televisión para millones de mexicanos, cumpliendo con objetivos clave en las últimas décadas. La CRT, con perfiles provenientes de la Agencia de Transformación Digital, ha asumido las funciones, pero especialistas y observadores expresan inquietudes sobre su independencia y la transparencia de su diseño institucional. En las próximas semanas, la nueva entidad deberá emitir su reglamento interno y enfrentar desafíos regulatorios importantes, como la definición de lineamientos para el Registro de Usuarios de Telefonía Móvil y la subasta de espectro para ampliar la cobertura 5G. Sin embargo, la falta de claridad y posibles injerencias evidencian que aún existen muchas dudas sobre cómo operará realmente y si podrá mantener la autonomía que requiere un organismo de su magnitud. El enrarecido ambiente ha generado cuestionamientos respecto a la influencia de actores cercanos a las autoridades en la conducción de un sector estratégico en la economía y la comunicación del país, poniendo en duda la efectividad de su gestión en un escenario de cambios tecnológicos rápidos y desafíos regulatorios pendientes.
