La reforma a la normativa anti lavado impone nuevas obligaciones a empresas, con énfasis en costos, cumplimiento y regulación de actividades vulnerables. En respuesta a la creciente necesidad de fortalecer el sistema financiero y prevenir operaciones ilícitas, la reforma reciente a la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita estableció cambios significativos en las obligaciones de las empresas mexicanas. Publicada en el Diario Oficial de la Federación en julio de 2025 y vigente desde entonces, la normativa exige que las empresas identifiquen si realizan actividades vulnerables, como transacciones inmobiliarias y compra de bienes de lujo, y ajusten sus procesos de cumplimiento en consecuencia. Este ajuste tiene un impacto considerable en los costes operativos, ya que se requiere la implementación de manuales, formatos y personal especializado. La ley también establece nuevas reglas para actividades específicas, como las compraventas superiores a ciertos montos y transacciones en efectivo, limitando pagos por encima de un umbral y obligando a informar operaciones mensuales incluso si no hay movimientos. Los antecedentes muestran que los esfuerzos por detectar y erradicar el lavado de dinero son cruciales para salvaguardar la estabilidad económica del país y proteger la justicia financiera. Un punto innovador en la legislación es la inclusión del fideicomiso de zona restringida, utilizado por extranjeros para adquirir propiedades en zonas costeras o fronterizas, cuyo cumplimiento aún genera incertidumbre sobre quién será responsable en cuestión de obligaciones. Además, el sector notarial enfrentará un umbral más bajo para reportar operaciones, mientras que las auditorías anti lavado se extenderán hasta 2026, en un escenario donde la cultura de cumplimiento todavía requiere fortalecerla. Este conjunto de medidas presenta un reto para los empresarios, quienes deben adaptarse rápidamente a estos cambios regulatorio
