La cultura del consumo de bebidas azucaradas persiste en Oaxaca, pese a campañas y reformas para promover hábitos saludables, exacerbando problemas como obesidad y diabetes. Oaxaca continúa siendo uno de los estados con mayor consumo de refrescos en México, con una media anual de entre 250 y 300 litros por persona. Desde temprana edad, tanto niños como adultos mantienen una relación frecuente con bebidas azucaradas, lo que ha contribuido a un aumento en la prevalencia de enfermedades como obesidad, diabetes y afecciones renales en la región. La arraigada cultura de consumo se ve favorecida por la falta de acceso a agua potable en muchas comunidades rurales y urbanas, haciendo que el refresco sea una opción cotidiana más que un lujo ocasional. A pesar de las campañas de organizaciones civiles y reformas legales que prohíben la venta de productos ultraprocesados y fomentan el consumo de agua, la publicidad de bebidas azucaradas sigue siendo omnipresente en espacios urbanos y rurales, influyendo en las decisiones de compra. Expertos advierten que la reducción en impuestos a bebidas light o cero, prevista para 2026, podría tener un impacto limitado en zonas como Oaxaca, donde el costo y la cultura dificultan el cambio hacia opciones menos dañinas para la salud. Desde hace años, organismos como el Consejo Ciudadano y grupos locales han promovido campañas educativas y acciones simbólicas para concienciar sobre los riesgos del consumo excesivo de refrescos, sin embargo, el cambio de hábitos enfrenta obstáculos importantes. La experiencia de personas como Guadalupe, quien redujo su consumo tras detectar niveles elevados de glucosa, evidencia que el cambio de conducta es posible, pero requiere estrategias integrales y sostenidas. Con un panorama desafiante, especialistas subrayan la necesidad de políticas públicas más contundentes y una mayor responsabilidad social por parte de las empresas refresqueras para reducir los daños a la salud de la población oaxaqueña.
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