La gestión de obras busca enriquecer el capital político de gobernantes, descuidando prioridades sociales y técnicas. Las obras públicas en México muchas veces se abordan como trofeos políticos, perjudicando la planificación integral. Proyectos como el paso a desnivel de Colosio y Solidaridad, aunque necesarios, ocultan cuestiones más críticas, como el mantenimiento de la infraestructura. En otros casos, la carretera Bavispe–Nuevo Casas Grandes resalta, pero las necesidades de otras vías estratégicas son ignoradas. El Plan Sonora de Energías Sostenibles, proyectado como clave para el futuro, aún falta claridad sobre sus impactos tras cuatro años. Las obras son esenciales, pero su uso como herramienta política desvía la atención de las verdaderas necesidades de la ciudadanía, generando más interrogantes que respuestas.
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