La implementación del sistema de pago electrónico ha dificultado el estacionamiento en el centro de la ciudad, afectando a los automovilistas y generando opiniones divididas. La reciente introducción de los nuevos parquímetros electrónicos en Monterrey ha creado incertidumbre entre los residentes y visitantes que frecuentan el centro de la ciudad. La principal dificultad radica en que la app utilizada para pagar, llamada Kigo, no especifica claramente los espacios habilitados, obligando a los conductores a deducir zonas sin una delimitación oficial precisa. A diferencia de ciudades como San Nicolás o San Pedro, donde los mapas en la plataforma son detallados, en Monterrey el sistema abarca todo el primer cuadro del centro, desde Colón hasta Constitución y de Venustiano Carranza a Félix U. Gómez, lo que complica la planificación del estacionamiento. Este cambio tecnológico, aunque busca modernizar el proceso de pago, ha sido recibido con resistencia, pues requiere que los usuarios tengan un teléfono inteligente, datos móviles y una tarjeta bancaria. Algunos automovilistas expresan que no siempre cuentan con saldo en Internet o en sus cuentas bancarias, lo que limita la posibilidad de realizar pagos electrónicos y provoca que muchos opten por estacionarse sin pagar, con la esperanza de evitar sanciones. Además, pagar en efectivo dejó de ser una opción viable, lo que ha generado reclamos sobre la exclusividad del método digital. La transición también ha llevado a situaciones en las que conductores, ante la imposibilidad de pagar, recurren a franeleros o arriesgan la presencia de inspectores para evitar multas, incrementando la tensión en las calles. La falta de un sistema de pago alternativo o informativo claro ha sido vista por algunos usuarios como un factor excluyente, especialmente para quienes no cuentan con los recursos tecnológicos necesarios. La experiencia evidencia la necesidad de ajustes en el sistema para garantizar un acceso equitativo y la claridad en las
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