La disminución en el porcentaje de votantes en elecciones presidenciales refleja desafíos para fortalecer la democracia en México. La participación electoral en México ha mostrado un tendencia a la baja en las últimas décadas, poniendo en evidencia un creciente abstencionismo que puede afectar la legitimidad del sistema democrático. En las elecciones presidenciales de 1994, la asistencia fue del 77.2%, cifra que ha disminuido a un 59.8% en 2024, lo que representa una caída significativa y revela que cerca de 40 millones de ciudadanas y ciudadanos con derecho a votar optaron por no hacerlo. Diversos factores, como la desconfianza en las instituciones y la apatía, parecen influir en esta tendencia. En 2024, solo dos estados, Sonora y Baja California, lograron una participación inferior al 50%, y en 19 entidades federativas la cifra quedó por debajo de la media nacional. La menor asistencia preocupa a los organismos electorales y políticos, ya que la participación activa de la ciudadanía es fundamental para mantener la credibilidad del proceso democrático y garantizar que los gobiernos reflejen realmente la voluntad popular. Históricamente, la disminución en la asistencia electoral en México puede compararse con otros países donde el desinterés o la apatía también representan un reto para las democracias modernas. La reducción del voto en eventos clave evidencia la necesidad de implementar estrategias que incentiven la participación ciudadana, como campañas educativas, reformas en la ley electoral y mayor transparencia en las instituciones. Hasta ahora, los esfuerzos para revertir esta tendencia no han logrado captar el interés suficiente, pero fortalecer el ejercicio democrático sigue siendo una prioridad que requiere acciones coordinadas y nuevas propuestas. En este contexto, las instituciones responsables están llamadas a analizar y actuar para revertir el descenso en la participación electoral, promoviendo la confianza y el compromiso de la ciudadanía con su sistem
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