La refinación en México muestra avances, pero enfrenta riesgos por mantenimiento y contingencias, en un contexto de estrategia energética prioritaria. En los últimos meses, Petróleos Mexicanos (Pemex) ha logrado incrementar notablemente su producción de crudo y combustibles, alcanzando cifras que superan el millón de barriles diarios por primera vez en años. La refinería de Tula lidera con más de 211,000 barriles diarios, seguida por Salina Cruz y Dos Bocas, cuya producción se acerca a los 200,000 barriles, consolidando el papel de estos complejos en la estrategia de autosuficiencia energética del país. Este repunte refleja avances en la operación, pero también levanta alertas sobre la sostenibilidad y los riesgos asociados, como fallas técnicas y accidentes recientes, particularmente en instalaciones como Salina Cruz. La apertura de Dos Bocas, un proyecto emblemático para la actual administración, ha comenzado a aportar a estas cifras, aunque todavía enfrenta cuestionamientos sobre su operación plena y costos. Analistas advierten que el mantenimiento y la modernización de las plantas son fundamentales para mantener estos niveles de producción sostenidamente, pues la operación de instalaciones envejecidas incrementa la probabilidad de fallas que podrían impactar negativamente en la generación de combustibles y en los objetivos nacionales de energía.
