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Pérdida de ecosistemas en Bacalar genera impacto económico superior a 10 millones de dólares anuales

La pérdida de ecosistemas en Bacalar afecta servicios esenciales y genera pérdidas económicas de más de 10 millones de dólares al año, amenazando su equilibrio ecológico y turístico.

Por Redacción1 min de lectura
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La degradación de manglares y humedales en Quintana Roo afecta servicios ecosistémicos esenciales y el turismo en la región, con efectos económicos significativos. En los últimos años, Bacalar, en Quintana Roo, ha experimentado una pérdida de al menos 270 hectáreas de manglares y humedales, evidenciando un grave deterioro ambiental que impacta su riqueza natural y turística. Esta degradación ha provocado una estimación de más de 10 millones de dólares en pérdidas anuales, debido a la merma en servicios ecosistémicos vitales como la regulación del agua, el control de inundaciones y la captura de carbono. La reducción de estos espacios también repercute en las actividades recreativas y en la percepción del atractivo turístico de la laguna, cuyo paisaje emblemático se ha visto alterado. Un estudio reciente revela que, entre 1999 y 2021, se han perdido 277 hectáreas de humedales interiores, principalmente en la costa oeste, zona sujeta a presiones del desarrollo inmobiliario y turístico acelerado. La transferencia de beneficios utilizada para el cálculo del valor perdido busca ejemplificar cuánto costaría reemplazar artificialmente las funciones de los ecosistemas, si no existieran. La creciente urbanización, facilitada tras el reconocimiento de Bacalar como Pueblo Mágico y el impacto del sargazo en la región, ha acelerado la sustitución de áreas naturales por infraestructura, lo que compromete la sustentabilidad de la cuenca de la laguna. La conservación de estos ecosistemas resulta crucial para mantener el equilibrio ecológico y económico, siendo fundamental promover políticas que eviten su destrucción y valoren su aporte al bienestar social y ambiental. Este contexto adquiere especial relevancia en un momento en que las regiones turísticas mexicanas enfrentan el reto de equilibrar crecimiento económico con sostenibilidad ambiental, para garantizar un desarrollo equilibrado y duradero.

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