La elección marca un avance estratégico para el espacio en la ciudad y sostiene el pulso interno del peronismo en la región, en un contexto de reconfiguración política. En un hecho que rompe una histórica sequía electoral, el peronismo volvió a imponer su presencia en Tandil tras 38 años sin obtener una victoria en los comicios locales. La victoria fue alcanzada por Rogelio Iparraguirre, un dirigente ligado a las figuras del kirchnerismo y reconocido por su vínculo con el camporismo, quien obtuvo el 35,7 por ciento de los votos en una ajustada contienda contra Gonzalo Santamarina, candidato del espacio libertario, que alcanzó el 34,9 por ciento y quedó a sólo 300 votos de diferencia. La última vez que el peronismo había triunfado en Tandil fue en 1987, cuando Gino Pizzorno lideraba la gestión municipal. Este resultado adquiere gran relevancia tanto para las aspiraciones de Iparraguirre, quien busca consolidarse como una opción fuerte para la intendencia, como para el posicionamiento del peronismo en la región. En el escenario interno, el triunfo potencia las pretensiones de disputar mayor liderazgo en la sección, específicamente en el debate con otros referentes como Fernanda Raverta, quien también busca influir en la política local y regional. En paralelo, la elección en la Quinta Sección refleja un posicionamiento de fuerte polarización: mientras Guillermo Montenegro logró una victoria significativa en Mar del Plata, el candidato de Raverta alcanzó solo un 20 por ciento en Tandil, en una elección marcada por cortocircuitos internos y un recorte en la intención de voto. La victoria del peronismo tuvo un impacto directo en el oficialismo local, ya que Miguel Lunghi, intendente por más de 20 años, sufrió su primera derrota en dos décadas. El respaldo brindado a Juan Antonio Salceda, representante del espacio que surgió tras la disolución de Juntos por el Cambio, no fue suficiente para mantener su liderazgo, cerrando con un 14 por ciento de apoyos. El resultado sorpre
