Empresas del sector prevén un año difícil, con ventas por debajo de 2023 y una economía que enfrenta desafíos crecientes para sostener el mercado interno. El panorama del consumo masivo en Argentina se muestra cada vez más complicado, con las empresas líderes del sector anticipando un escenario de desaceleración que podría prolongarse hasta 2026. Después de un año marcado por dificultades económicas y una inflación elevada, las expectativas para el próximo año no son positivas, y algunos especialistas consideran que la situación puede empeorar aún más. El consumo en el país se encuentra en su nivel más bajo en los últimos años, con una caída del 10% respecto a cifras de 2023. La reducción en la demanda afecta directamente a los resultados financieros de las principales compañías del rubro. Por ejemplo, firmas como Arcor, Mastellone y Molinos Río de la Plata enfrentaron pérdidas y disminución de ganancias en sus últimos balances trimestrales, reflejando la contracción del mercado interno y el impacto de la inflación en los hogares. El encarecimiento de los insumos, la restricciones en el crédito y la alta dependencia del dólar explican buena parte de esta situación. Debido a que la mayoría de los productos alimenticios y bienes básicos están atados al dólar —por su vinculación con commodities y costos importados— la suba del tipo de cambio presiona los costos de producción, pero la falta de margen para trasladar estos incrementos a los precios de venta limita la recuperación del sector. La dificultad para acceder a financiamiento también reduce las chances de reactivar el consumo de bienes durables o de aprovechar medidas de estímulo del gobierno. Además, un análisis reciente indica que en septiembre, una familia promedio debía destinar más de $87.000 diarios para cubrir sus gastos esenciales, lo que equivale a apenas tres días y medio de salario mínimo vital y móvil. Este nivel tarifario refleja la severa carga económica que enfrentan los hogares, limitando aún más
