El plan del gobierno busca ampliar la cobertura y modernizar el sistema sanitario, pero enfrenta limitaciones presupuestales y de implementación. Una revisión integral del programa de salud del gobierno mexicano revela esfuerzos para enfrentar rezagos históricos en el sistema, tales como baja cobertura, infraestructura desigual y recursos humanos limitados. La estrategia contempla fortalecer al IMSS-Bienestar para atender a la población sin seguridad social y expandir programas comunitarios que mejoren el acceso en zonas marginadas. Entre las acciones propuestas, destacan la modernización mediante expedientes electrónicos, telemedicina y mejores mecanismos de integración de datos, bajo un enfoque de colaboración interinstitucional. Evaluaciones recientes advierten que, aunque las metas en infraestructura y disponibilidad de personal son ambiciosas, la atención a la calidad de los servicios y la seguridad del paciente recibe menor prioridad, lo que podría limitar los resultados reales en salud. Además, los recursos públicos destinados al sector mantienen un estancamiento de más de una década, con una participación de solo el 2.7% del Producto Interno Bruto, muy por debajo del promedio internacional. El presupuesto proyectado para 2026 representa un incremento real del 5.9%, pero continúa siendo insuficiente para abordar las desigualdades en atención y recursos, especialmente en la atención a personas sin seguridad social. El incremento en el financiamiento favorece principalmente al IMSS, mientras que el gasto en IMSS-Bienestar apenas crece, profundizando brechas en atención y recursos. La dependencia de recursos adicionales a través de impuestos especiales, como el IEPS, aún enfrenta obstáculos legales que limitan su impacto presupuestal. La continuidad de estas reformas requiere una coordinación efectiva entre la federación y los gobiernos estatales, además de resolver conflictos internos relacionados con condiciones laborales y asignación de recursos; de lo contra
