El presupuesto gubernamental asignado a instituciones anticorrupción presenta recortes y recursos con destinos poco claros, afectando esfuerzos de transparencia y control. La planificación presupuestaria para 2026 en México revela una tendencia preocupante en la lucha contra la corrupción. Aunque se ha creado un nuevo anexo destinado a recursos relacionados con la prevención, detección, investigación y sanción de delitos de corrupción, la distribución de fondos no presenta claridad ni objetivos definidos claros. Diversas dependencias, incluyendo la Secretaría de Cultura, Medio Ambiente y Agricultura, reciben asignaciones sin vínculos directos con acciones anticorrupción, destinando fondos a actividades de comunicación, sostenibilidad y posicionamiento cultural. En contraste, instituciones responsables de supervisar, fiscalizar y sancionar irregularidades, como la Auditoría Superior de la Federación y la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, sufrirán recortes presupuestarios. La reducción en sus recursos compromete su capacidad de vigilancia y control del uso del dinero público. Además, la Secretaría Anticorrupción, que asume funciones de la extinta Secretaría de la Función Pública, contará con recursos muy limitados, dificultando la implementación efectiva de políticas de transparencia y acceso a la información. Este escenario evidencia que, en la práctica, la asignación de recursos no favorece la lucha activa contra la corrupción, lo cual puede traducirse en mayores obstáculos para erradicar prácticas opacas y mejorar la rendición de cuentas en el país. La disminución de financiamiento para instituciones clave pone en duda el compromiso gubernamental con la transparencia y la integridad en el ejercicio público mexicano.
