La profesora Grace Han, experta en química, se inspiró en una experiencia personal con el sol durante su llegada a California. Tras mudarse para trabajar en la Universidad de California en Santa Bárbara, notó cómo las quemaduras solares afectaban su piel, lo cual la llevó a investigar la fotoquímica del ADN. Este hallazgo la condujo a explorar cómo las moléculas de ADN dañadas por el sol pueden utilizarse para almacenar energía.
Su enfoque se basa en el almacenamiento molecular de energía solar termal (MOST), una técnica que busca que las moléculas cambien de forma al recibir luz solar. Han se dio cuenta de que organismos vivos han evolucionado con mecanismos que reparan estas moléculas de manera eficaz, lo que le permitió dar un importante paso en su investigación.
En un estudio reciente, Han y su equipo lograron desarrollar un sistema que almacena energía de forma eficiente, con una densidad energética notable de 1,65 megajulios por kilogramo, mucho mayor que la de las baterías de iones de litio. Utilizando un pequeño recipiente, el equipo demostró que esta tecnología era capaz de hervir agua rápidamente, un indicativo del potencial del sistema.
A pesar de los logros, el proyecto enfrenta desafíos. La longitud de onda necesaria para activar el cambio de forma de las moléculas es muy baja en comparación con la luz solar disponible. Además, el proceso actual requiere el uso de ácido clorhídrico, lo cual no es ideal por su naturaleza corrosiva y peligrosa. Han espera encontrar alternativas más seguras y efectivas para mejorar la viabilidad de este sistema.
El objetivo final de esta investigación es contribuir a la descarbonización de la calefacción, un reto crucial en la transición hacia energías sostenibles. El avance en el almacenamiento de energía solar podría revolucionar la forma en que se gestionan las fuentes de energía renovable, disminuyendo la dependencia de los combustibles fósiles en aplicaciones térmicas.
Con información de bbc.com

