La reducción de tierras cultivables en México refleja el impacto del crimen organizado, altos costos y migración, afectando el abastecimiento alimentario. La superficie agrícola en México ha disminuido en un 20 por ciento en los últimos años, debido a múltiples factores que amenazan la estabilidad del sector. Entre los principales causas se encuentran el incremento de la inseguridad provocada por organizaciones criminales, que extorsionan a agricultores y transportistas, elevando los costos de producción y distribución. Además, el alza en los precios de insumos y recursos esenciales, como el agua, contribuye a que muchas parcelas de tierra queden abandonadas o sin cultivo. La migración rural-urbana también juega un papel decisivo, ya que una proporción significativa de agricultores son personas mayores cuyos hijos prefieren no dedicarse al campo por considerarlo poco rentable y enfrentarse a riesgos de inseguridad. Estas circunstancias han provocado que los costos asociados a la protección y seguridad puedan representar hasta el 25 por ciento del valor de los vehículos utilizados en la logística agrícola, condición que ha llevado a algunas aseguradoras a dejar de cubrir estos traslados. La creciente presencia del crimen organizado en zonas de riego y transporte, además de la falta de inversión en medidas de protección, ha generado un aumento en los precios de los alimentos en el mercado final, estimado entre un 10 y 20 por ciento. Frente a este panorama, varios actores del sector han incrementado sus gastos en vigilancia y seguridad privada para intentar salvaguardar sus productos. Este escenario refleja una problemática estructural que pone en riesgo el futuro de la agricultura en varias regiones mexicanas y resalta la necesidad de políticas públicas integrales que combatan la inseguridad y fortalezcan la rentabilidad del campo. El contexto internacional muestra que otros países con altos niveles de inseguridad también enfrentan desafíos similares, donde la crimina
