Una de las debilidades más notorias en la reforma judicial ha sido la manera en que se evaluaron a los aspirantes a puestos judiciales. Las recientes modificaciones constitucionales representan un avance significativo, aunque persisten áreas que requieren más atención.
Con el objetivo de mejorar el método de evaluación y selección de candidatos, se establece una comisión encargada de ofrecer uniformidad a los comités de evaluación en los tres Poderes. Esto incluye la implementación de una metodología única y la realización de exámenes de conocimientos para los postulantes. Esta medida se prefería ante la certificación propuesta por la Escuela de Formación Judicial, que sugería varios años de experiencia, ya que esta última generó tensiones entre miembros del partido mayoritario.
A pesar de que la propuesta inicial era prometedora, el debate con colegas académicos reveló el valor de mantener un proceso más inclusivo. Algunos jueces, quienes apenas habían sido elegidos sin experiencia previa, abogaron por un sistema que permitiera la participación de juristas con un enfoque más amplio, desafiando la idea de que solo los provenientes del ámbito judicial son los más calificados.
Aun así, persiste la desconfianza hacia los nuevos juzgadores, impulsada por ejemplos de mala práctica. La reforma propone un sistema continuo de capacitación y actualización, reconociendo que, aunque no es el ideal, es una respuesta necesaria mientras se asegura que solo se seleccionen a los candidatos más capacitados.
El método de insaculación para definir a los candidatos finales plantea inconsistencias, ya que depender de la suerte podría excluir a quienes obtuvieron mejores calificaciones. Este método debería limitarse a casos donde existan empates en la evaluación, ya que el azar no debería influir en una decisión tan crucial.
Con información de eluniversal.com.mx

