La implementación de medidas de movilización sanitaria en México busca contener la plaga, pero genera retrasos y riesgos que afectan la cadena de suministro y la sanidad animal. Desde finales de 2024, México enfrenta un resurgimiento del gusano barrenador, una plaga que se creía erradicada desde 1991, y que representa una grave amenaza sanitaria, económica y para la seguridad alimentaria. La infestación, causada por la mosca Cochliomyia hominivorax, ha provocado la declaración de emergencia sanitaria tras el aumento significativo en casos en diferentes especies, incluido el ganado bovino y en algunos casos en humanos. En respuesta, las autoridades mexicanas han reforzado las medidas de movilización y control, con inspecciones duplicadas en puntos de control en varias regiones. Sin embargo, esta estrategia ha generado controversia en el sector ganadero. La Asociación Mexicana de Productores de Carne (AMEG) advierte que las regulaciones excesivas están provocando retrasos críticos en el transporte del ganado, con tiempos de traslado que se incrementan hasta en un 60%, y largas esperas en controles sanitarios que afectan el bienestar animal. Asimismo, estas medidas redundantes no parecen contribuir de manera efectiva a la contención de la plaga, ya que el gusano se transmite por moscas que pueden infectar animales sin afectar necesariamente los puntos de revisión. La sobreregulación, además, ha generado problemas logísticos, desabasto regional y mayores costos de producción, incidencias que ya impactan en el precio de la carne y en las exportaciones hacia Estados Unidos, afectando la economía del sector. El contexto actual también revela una preocupación por el recorte presupuestal federal en sanidad e inocuidad para 2026, contraponiendo las políticas a la gravedad de la emergencia. Expertos señalan que la lucha efectiva contra el gusano requiere estrategias basadas en ciencia, como programas de mosca estéril y vigilancia epidemiológica, en lugar de mayores trámites bu
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