La salida del director de Estadísticas de Condiciones de Vida plantea interrogantes sobre la credibilidad de las cifras oficiales en un contexto de controversias por manipulación de datos. La reciente renuncia de Guillermo Manzano, responsable de las estadísticas relacionadas con pobreza y empleo en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), ha generado inquietudes acerca de la transparencia y precisión de las cifras oficiales. Manzano, considerado uno de los técnicos más respetados del organismo, había desarrollado y defendido la implementación de una nueva metodología para medir la pobreza, que aún no ha sido aprobada para su publicación, debido a posibles recortes políticos y temores de afectar la percepción del gobierno en temas económicos. A lo largo de su gestión, Manzano avaló cambios que mostraron una disminución significativa en los índices de pobreza, pero expertos y sectores políticos han cuestionado la actualidad y la veracidad de estos datos. La falta de explicación oficial tras su salida refuerza las sospechas sobre un posible intento del organismo por mantener manipulados otros indicadores, especialmente en un momento de creciente desconfianza pública sobre las estadísticas relacionadas con la inflación y el costo de vida. Históricamente, la credibilidad del Indec ha sido un punto de tensión en el debate político y económico del país, y la reciente desaparición del funcionario clave podría acentuar la percepción de que los datos oficiales no reflejan la realidad social. Con nuevas versiones del Índice de Precios al Consumidor en discusión, la gestión liderada por Marco Lavagna enfrenta fuertes cuestionamientos sobre la integridad de las cifras publicadas y la legitimidad del proceso estadístico en general. Mientras la política nacional discute la ponderación de los precios que conforman la inflación, la falta de transparencia en la institución que debería proporcionar datos objetivos puede profundizar la desconfianza de la ciudadanía y los
