La inadecuada selección legislativa dificulta la resolución de conflictos jurídicos y pone en riesgo la seguridad jurídica en México. La aplicación del derecho en México enfrenta desafíos considerables debido a la presencia frecuente de lagunas y antinomias legales, fenómenos que complican la labor judicial y generan inseguridad jurídica. Estas dificultades son resultado en gran medida de la falta de preparación y compromiso de algunos legisladores, quienes en muchos casos no poseen conocimientos profundos del derecho, limitando la calidad de las leyes que promueven. La consecuencia es un sistema normativo fragmentado, con normas contradictorias o inadecuadas que dificultan la resolución de conflictos en los tribunales. En este contexto, los jueces desempeñan un papel crítico al hacer frente a esas lagunas y antinomias, utilizando mecanismos como la interpretación sistemática, la analogía y la equidad, además de principios constitucionales. Estos instrumentos permiten resolver casos concretos y mantener la coherencia del orden jurídico, aunque también encarnan un ejercicio de máxima discrecionalidad que, en algunas ocasiones, reside en el juez el rol de legislador incidental. La ineficiencia del proceso legislativo, reflejada en leyes fragmentadas y mal construidas, obliga a los jueces a adoptar interpretaciones que puedan saldar estas fallas, pero sin alterar los límites constitucionales. Es importante contextualizar que estas dificultades no solo afectan la justicia cotidiana, sino que también reflejan un problema estructural en la política y en la formación de quienes legislan. La práctica de copiar y pegar normativas, sin un análisis profundo del impacto, abre la puerta a conflictos de inconstitucionalidad y a decisiones judiciales que, en busca de justicia, terminan siendo soluciones momentáneas. La situación actual evidencia la necesidad de fortalecer la capacitación de los legisladores y promover reformas que garanticen un proceso legislativo más transparente
