La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, no estuvo presente en la ceremonia inaugural del Mundial 2026 en el Estadio Azteca, optando por obsequiar su boleto en un gesto que ha sido cuestionado. Su decisión de evitar la multitud ha sido interpretada como una preferencia por un entorno controlado, lejos de confrontaciones.
Aunque su falta de interés por el fútbol es notoria, muchos consideran que su asistencia habría sido un símbolo fuerte de empoderamiento femenino. En su lugar, la FIFA invitó a la actriz Salma Hayek para dar la bienvenida, lo cual fue recibido con entusiasmo por los asistentes, resaltando la importancia de contar con figuras emblemáticas en eventos de esta magnitud.
Los gobernantes enfrentan decisiones complejas al asistir a actos masivos, que pueden reflejar su carácter y seguridad. En contraste con Sheinbaum, figuras como Miguel de la Madrid y Andrés Manuel López Obrador han lidiado con abucheos en eventos relevantes pero continuaron con su agenda. Esta valentía es vista como una necesidad en la política actual.
La Presidenta, al optar por un evento más íntimo, dejó su asiento vacío junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Mientras México celebraba su triunfo ante Sudáfrica, Sheinbaum utilizó la ocasión para criticar a sus detractores, lo que resultó en un enfoque polarizador en un momento de unidad nacional.
Su respuesta a las críticas también generó controversia. En lugar de alinearse con el espíritu de celebración, hizo declaraciones que parecieron deslegitimar las preocupaciones de quienes protestaban. A medida que avanza el Mundial, la falta de su presencia y su retórica podrían tener implicaciones en su imagen pública.
Con información de eluniversal.com.mx

