Mientras el acuerdo fortalece la regionalización en el sector automotriz, desafíos como políticas internas y infraestructura atrasada frenan el potencial de México. La implementación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha reforzado la tendencia de regionalización en la industria automotriz mexicana, elevando el contenido regional en la región entre 2019 y 2024. Sin embargo, a pesar de estas ventajas, México enfrenta obstáculos internos que amenazan su competitividad. La dependencia de Estados Unidos para las exportaciones, que representa aproximadamente el 83%, limita la capacidad del país para diversificar sus mercados y reforzar su integración económica. Además, una política aduanera más estricta y procesos logísticos lentos, como en el puerto de Manzanillo, amenazan con erosionar las ventajas del acuerdo. Por otro lado, los rezagos en infraestructura, energía y regulaciones generan un clima de incertidumbre que afecta inversión de largo plazo, especialmente en un sector como el automotriz, donde los márgenes operativos son estrechos. Expertos coinciden en que, aunque el T-MEC puede seguir siendo un motor clave para México, su pleno aprovechamiento dependerá de resolver estos desafíos internos y fortalecer el ecosistema industrial.
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