La derrota en las elecciones legislativas desató enfrentamientos entre el gobernador y la intendenta, con acusaciones y filtraciones polémicas. El reciente proceso electoral en Tucumán dejó al peronismo con dos de las cuatro bancas en juego en la Cámara de Diputados nacionales, a pesar de obtener una victoria contundente en la provincia. Aunque el oficialismo ganó por 15 puntos, la pérdida de una banca generó encono entre las principales figuras del espacio, particularmente entre el gobernador Osvaldo Jaldo y la intendenta de la capital, Rossana Chahla. Jaldo, quien encabezó la lista, ya renunció a su banca en favor de un aliado kirchnerista, mientras que otra diputada, Gladys Medina, mantendrá su mandato tras un acuerdo que busca contener internas familiares y políticas. La reducción de escaños afectó especialmente a la legisladora Elia Fernández, esposa del legislador Sergio Mansilla, intensificando las tensiones en el partido. La controversia se profundizó con la circulación de chats que sugieren una operación política que buscaba deslegitimar el proceso electoral en la ciudad, lo que llevó a Chahla a denunciar una suplantación de identidad y denunciar la filtración. La tensión también revela las aspiraciones de Jaldo y su equipo para la competencia de 2027, con la intención de consolidar su liderazgo de cara a futuras candidaturas. En medio del conflicto, acusa a algunos actores del kirchnerismo de jugar a medias para limitar el ingreso de nuevas bancas, mientras que las internas políticas en Tucumán continúan en ebullición, evidenciando un escenario complejo y polarizado.
