La incapacidad de Rusia para proteger a sus aliados genera inquietud en el ámbito internacional. Vladimir Putin ha demostrado una inquietante tendencia a abandonar a sus aliados, como se evidencia en Siria y Venezuela. Desde 2015, su apoyo a Bashar Al-Assad se esfumó cuando su atención se centró en Ucrania. A pesar de las promesas de asistencia, dejó al régimen sirio en la estacada, enfrentando una ofensiva rebelde sin respaldo. Nicolás Maduro, quien confió en las alianzas con Rusia, también sintió este abandono. Capturado en enero de 2025, se encontró sin apoyo aéreo ni protección. La situación en Cuba e Irán refleja un patrón similar, donde la falta de asistencia militar ha causado decepción. Estas historias resaltan las debilidades de la influencia rusa en un mundo volátil.
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