El destino del Caribe mexicano, que recibe millones de visitantes anualmente, enfrenta deterioro en servicios y aumento en los abusos comerciales, poniendo en riesgo su economía. Tulum, uno de los destinos turísticos más populares del Caribe mexicano, atraviesa una profunda crisis que pone en duda su crecimiento y sostenibilidad. Aunque en 2024 recibió cerca de dos millones de turistas, la infraestructura urbana y los servicios básicos no logran cubrir la demanda, presentando calles en mal estado, falta de drenaje y agua potable. Esta situación ha generado fuertes críticas en redes sociales, donde visitantes denuncia deterioro en la calidad del destino y precios excesivos en alimentos y bebidas, con casos de cobros desproporcionados como una botella de licor vendida por diez mil pesos. La afluencia aérea también ha disminuido, afectando la recuperación del aeropuerto local, que ha visto reducir su operatividad, y complicando el transporte y acceso a la zona por otros medios. Adicionalmente, las restricciones en el acceso a playas y los cobros no autorizados para ingresar a las áreas públicas han provocado reclamaciones durante semanas, generando alarma entre las autoridades nacionales y locales que buscan soluciones integrales. La situación revela la necesidad de una coordinación efectiva entre los distintos niveles de gobierno y el sector privado, así como una regulación más estricta para proteger tanto a los residentes como a los visitantes, garantizando un crecimiento turístico responsable y sustentable.
