La inmunización reduce riesgos de complicaciones y enfermedades severas en adultos mayores, además de mejorar su calidad de vida. El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una enfermedad dolorosa que resulta de la reactivación del virus de la varicela, el cual permanece latente en el organismo tras una infancia infectada. Afecta principalmente a adultos mayores de 50 años, así como a quienes tienen el sistema inmunológico debilitado, y puede causar desde sarpullidos severos hasta daños neurológicos permanentes. La mayoría de las personas experimentan un debilitamiento del sistema de defensa con la edad, lo que aumenta la probabilidad de que este virus resurja. La vacunación es la estrategia más efectiva para prevenir la enfermedad y sus complicaciones, incluyendo el riesgo de desarrollar problemas neurológicos o secuelas crónicas. La dosis recomendada consiste en dos administraciones con un intervalo de dos meses, logrando una protección que puede alcanzar hasta el 90% en prevenir episodios severos. Además, recientes investigaciones sugieren que la inmunización contra el herpes zóster no solo previene la enfermedad local, sino que también reduce significativamente el riesgo de desarrollar demencia vascular y problemas cardiovasculares, convirtiéndose en una herramienta clave para el mantenimiento de la salud en la tercera edad. La vacuna está disponible en consultorios médicos y farmacias, y aunque puede causar efectos secundarios leves, los beneficios superan ampliamente los riesgos.
