En Nuevo León, la práctica del yoga se ha convertido en una herramienta significativa para la reinserción social de internos en el Cereso 1 de Apodaca. Detrás de las rejas, algunos reclusos buscan romper ciclos de violencia y redescubrirse a sí mismos mediante esta disciplina.
Desde su traslado del penal de Topo Chico, uno de los internos comparte su experiencia al haber practicado yoga desde 2017. A pesar de los estigmas que puede conllevar, se adentró en el mundo del yoga y encontró un espacio de crecimiento personal. Este camino lo llevó a cuestionar su comportamiento y entender la importancia de la disciplina en su vida diaria.
Con el apoyo de su maestra, los internos aprenden a equilibrar mente, cuerpo y espíritu. Esta práctica no solo se centra en el ejercicio físico, sino en la transformación de la percepción personal, permitiendo a los participantes enfrentar sus demonios internos y fomentar un cambio positivo en sus vidas. Algunos internos destacan que este proceso les ha ayudado a reconocer sus errores, permitiéndoles aceptarlos y aprender a convivir con ellos.
El programa de yoga también fomenta la socioemocionalidad, ayudando a aquellos que enfrentan conflictos internos. Uno de los internos, ahora instructor de yoga, relata su propia transición de alumno a maestro, enfatizando la importancia de compartir su conocimiento con otros. Este cambio le proporciona un sentido de propósito y esperanza, tanto para él como para sus compañeros que buscan sanar sus heridas emocionales.
Iniciativas como esta reflejan un esfuerzo por ofrecer oportunidades de sanación a través de la autoexploración. Los internos reconocen que su proceso de reinserción no solo involucra su entorno, sino un compromiso profundo con su evolución personal, un paso esencial para construir un futuro alejado del pasado.
Con información de telediario.mx

