Oaxaca de Juárez, Oaxaca. - Lisbeth Mondragón tuvo que parir en casa tras ser rechazada en el Centro de Salud de Teotitlán del Valle, donde le negaron atención por falta de personal a pesar de tener ocho centímetros de dilatación. Ante la urgencia, ella y su esposo decidieron llamar a una partera local.
La partera Anel González relata que, aunque inicialmente se aconsejó a Lisbeth que considerara un parto institucional, las recomendaciones del personal médico sembraron el miedo en ella, asegurando que su bebé era demasiado grande. Lisbeth comenta que: “Gracias a Dios aceptó Anel, porque yo ya estaba asustada y me dijeron que no podían atenderme”.
La violencia obstétrica en el país ha sido definida por el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) como cualquier acción u omisión que cause daño físico o psicológico durante el embarazo y parto. En las comunidades indígenas, la falta de intérpretes de lengua local exacerba esta problemática, provocando barreras de comunicación que, en opinión de Eduardo Marguth, director de la Red de Intérpretes y Promotores Interculturales, alimentan la violencia obstétrica y el estigma hacia mujeres indígenas.
Anel González, con 15 años de experiencia y 108 partos acompañados, enfatiza que la partería es un acto de amor y dignidad. A pesar de la negativa de los centros de salud a reconocer su rol, persiste la creencia entre muchas mujeres de que deben parir rodeadas de un entorno familiar.
Las políticas de salud en Oaxaca han limitado el acceso a parteras, a pesar de que en 2025 había 1,486 parteras y parteros capacitados en 257 municipios, según datos oficiales. Recientemente, se formó el Comité Estatal de Partería 2026, una medida que algunos consideran una forma de controlar el saber tradicional de las parteras.
Con información de eluniversal.com.mx

