Pese a la mejora en su infraestructura, los habitantes enfrentan dificultades en accesibilidad y servicios básicos, en un contexto de promesas no cumplidas. La comunidad de Charape de los Pelones, ubicada en los límites entre Querétaro y Guanajuato, continúa enfrentando múltiples desafíos que han persistido por años, a pesar de las promesas de las autoridades locales. La accesibilidad a la comunidad sigue siendo conflictiva, con caminos angostos y llenos de baches, y las promesas de mejorar las vías todavía no se han materializado, lo que limita el desplazamiento de sus residentes y de los servicios de ayuda. La escasez de agua potable es otra preocupación constante; los residentes dependen en gran medida de pipas que solo llegan cada varias semanas, y pocos tienen pozos propios para abastecerse de agua. Aunque algunas casas están en proceso de renovación y algunos habitantes trabajan en centros industriales cercanos, la ayuda gubernamental ha sido escasa, y las promesas de apoyo aún no llegan. La comunidad mantiene su espíritu positivo, participando en actividades religiosas y culturales, pero la falta de apoyo y mejoras concretas afecta la calidad de vida de sus habitantes, quienes llevan años esperando soluciones duraderas.
