Gobernadores de estas entidades mantienen vínculos con el gobierno federal, generando inquietud en liderazgos panistas por posibles acuerdos electorales. En los estados de Querétaro y Guanajuato, dos de los principales bastiones del Partido Acción Nacional (PAN), las recientes actitudes de sus gobernadores hacia el gobierno federal han generado inquietud entre los dirigentes del partido en la región. La confianza expresada por Mauricio Kuri en Querétaro y Libia García en Guanajuato hacia el actual gobierno federal ha sido interpretada como una señal de apertura o incluso de posible acercamiento a Morena, lo que contrasta con la postura tradicional de la oposición panista. En Querétaro, donde se acercan comicios en 2027, el exgobernador Francisco Domínguez ha presionado públicamente para que el actual mandatario, Mauricio Kuri, tome distancia de la administración federal y de la llamada 4T. Además, las tensiones se hicieron evidentes en un reciente intercambio verbal entre Kuri y la secretaria de Trabajo, Luisa María Alcalde, que refleja la fricción interna y las presiones por definir líneas claras frente a las alianzas políticas. Por su parte, en Guanajuato, la relación cercana entre la gobernadora Libia García y figuras del gobierno federal ha provocado malestar en los sectores más críticos del panismo, encabezados por el senador Miguel Márquez. La visita del canciller Marcelo Ebrard a la entidad fue un evento donde la gobernadora optó por una postura de apoyo total al secretario de Economía, sin convocar a los líderes internos del partido con quienes mantiene diferencias. Evidentemente, estas actitudes han despertado sospechas sobre posibles acuerdos electorales en marcha, en un contexto en el que la oposición tradicional busca consolidar su postura para las próximas elecciones y mantener su influencia en la región centro-norte del país. La tensión refleja un escenario complejo donde las alianzas políticas internas y externas podrían redefinir el panorama político
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