San Ignacio, Sinaloa. - A los 15 años, María Concepción Lara Rodríguez, conocida como Conchita, sufrió un accidente que la dejó parapléjica. Tras cuatro años en busca de tratamiento en clínicas de Culiacán, Guadalajara y Ciudad de México, su familia descubrió Prójimo, un programa de rehabilitación en un pueblo de Sinaloa, donde su vida dio un giro inesperado.
En este lugar, Conchita encontró un ambiente diferente al de las clínicas; las miradas en Prójimo se centraban en su rostro, no en su discapacidad. Allí, David Werner, fundador del programa, le explicó que no podría recuperar la movilidad en sus piernas, pero podrían ayudar con sus heridas. Después de recibir tratamiento en San Francisco, Estados Unidos, regresó a México con el deseo de ayudar a otros en su situación.
El 3 de enero de 1980, Conchita regresó a Ajoya no como paciente, sino como maestra. Empezó a enseñar a jóvenes con discapacidades cómo ser independientes en actividades diarias. Junto a ellos, utilizó sus conocimientos en contabilidad para llevar las cuentas de Prójimo y colaborar en la fabricación de prótesis.
En 1999, Prójimo se trasladó a Coyotitán y Conchita formó allí su familia, convirtiéndose en pilar del programa que no solo se dedica a la entrega de prótesis, sino a una rehabilitación integral que busca la autonomía de los pacientes. A lo largo de los años, han atendido a personas de diversas regiones, incluyendo Guatemala y Honduras.
Conchita, quien también ha enfrentado la depresión causada por su discapacidad, utiliza su experiencia para motivar a quienes llegan al programa sintiéndose derrotados. “¿Por qué yo no?” se pregunta a sí misma y a otros, refiriéndose a la necesidad de recuperar su independencia.
Con información de tusbuenasnoticias.com

