Mocorito, un campo de girasoles con potencial económico desaprovechado SINALOA, MÉXICO. – A pesar de la identificación del girasol como un cultivo viable y prometedor para el noroeste del país desde 2016, el municipio de Mocorito, Sinaloa, no ha logrado capitalizar su potencial comercial. Lo que comenzó como un experimento agrícola para alimentación del ganado se ha quedado en esa fase, sin concretar beneficios económicos tangibles para el sector agrícola local, a diferencia de otras regiones donde sí se ha consolidado. Los primeros pasos del cultivo de girasol en Mocorito se remontan a las iniciativas de Benjamín Barelas y Gregorio Aguilar, quienes experimentaron con esta planta sin una visión de rentabilidad económica directa. En aquel entonces, la semilla se utilizaba exclusivamente como forraje para el ganado, un destino que no generaba ingresos ni atraía inversión, ya sea desde el ámbito turístico o el agrícola. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, a través del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), reconoció desde 2016 el potencial del girasol como un cultivo adaptado a las condiciones del noroeste mexicano. Estudios técnicos destacaron su notable tolerancia a la sequía y su menor demanda hídrica en comparación con cultivos tradicionales. Además, se señaló su valor como oleaginosa, con amplias posibilidades de uso en la industria alimentaria y otros sectores. Fue bajo este respaldo institucional que, en 2017, se inició el establecimiento experimental del girasol en Mocorito. Sin embargo, la falta de un esquema comercial robusto y una estrategia productiva clara limitó su desarrollo, relegando nuevamente la semilla a la alimentación animal y, por ende, impidiendo la generación de ganancias significativas. En contraste, en municipios como Guasave, la situación ha sido diferente. La investigación periodística de El Debate revela que en esta localidad el cultivo de girasol ha trascendido la etapa experimental
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