Culiacán, Sinaloa. - La crisis de violencia en Sinaloa se ha intensificado, dejando un saldo de siete mil víctimas desde el secuestro de Ismael "Mayo" Zambada García y el asesinato del exrector Héctor Melesio Cuén Ojeda, ocurridos hace dos años. Hasta la fecha, no se ha procesado a ningún funcionario relacionado con estos eventos.
Datos clave
- Homicidios: 3,000 asesinatos reportados desde el secuestro.
- Desapariciones: Cerca de 4,000 desaparecidos registrados oficialmente.
- Impunidad: Más del 94% de los homicidios sin resolver.
- Autoridades: Ningún funcionario ha sido procesado hasta ahora.
- Gobernador: Rubén Rocha Moya enfrenta acusaciones por nexos con la delincuencia.
El secuestro de Zambada y el asesinato de Cuén marcaron el inicio de una escalada de violencia que ha afectado la gobernabilidad en el estado. La propagación de la violencia se debe, en parte, a luchas internas dentro del Cártel de Sinaloa, que se agravan con la presunta relación de políticos locales con grupos delictivos. Zambada fue secuestrado durante un encuentro donde se intentaba reconciliar diferencias políticas, pero el evento resultó trágico, provocando una cadena de crímenes que permanece impune.
¿Cuál es la situación actual en Sinaloa?
La situación de Sinaloa se caracteriza por un clima de tensión constante. El gobernador Rubén Rocha Moya se encuentra en el centro de la controversia, con solicitudes de licencia y acusaciones de vínculos con el crimen organizado. La violencia ha desbordado las calles, con eventos impactantes como los “Culiacanazos”, que han llevado a la ciudad a un estado de sitio en varias ocasiones. La falta de acción eficaz de las autoridades ha generado un vacío de justicia para las víctimas.
¿Cómo afecta esto a la población local?
La población de Sinaloa se enfrenta a una realidad angustiante, con un aumento significativo en la violencia y el temor generalizado entre los ciudadanos. La pérdida de empleos también es alarmante, con más de 22 mil puestos desaparecidos en el último año. Los residentes de Culiacán viven con la incertidumbre y la sensación de inseguridad, lo que complica aún más la vida diaria en un estado marcado por el crimen organizado.
La situación continúa evolucionando, y los ciudadanos demandan respuestas. Las familias de las víctimas esperan que se logre justicia y se reduzca la impunidad que ha caracterizado a los últimos años. La lucha por establecer un régimen de seguridad efectiva en el estado sigue siendo un desafío pendiente.
Con información de alcontacto.com.mx

