Ciudad de México. – La tensión entre Estados Unidos y Rusia se agudizó esta semana tras la incautación por parte del ejército estadounidense de dos petroleros en aguas internacionales, uno de ellos con bandera rusa, que presuntamente buscaban evadir sanciones y apoyar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. La operación, que contó con apoyo logístico del Reino Unido, eleva el conflicto geopolítico en torno a la industria petrolera venezolana. El primer petrolero, identificado como un buque ruso que días antes había sido escoltado por una nave de guerra de Moscú, fue abordado en el Atlántico Norte. Según el ejército estadounidense, la embarcación violaba las sanciones impuestas por Estados Unidos. El segundo buque, descrito como “apátrida”, fue interceptado en el Caribe por “actividades ilícitas” y estaría siendo dirigido hacia Estados Unidos. Estas acciones se dan en el marco de un plan más amplio de la administración estadounidense para ejercer control sobre las ventas de petróleo de Venezuela, principal sustento económico del país. Un alto funcionario de la Casa Blanca afirmó que cualquier acción del gobierno venezolano sería dictada por Estados Unidos, mientras que la petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela (PDVSA), reconoció por primera vez estar negociando la venta de crudo a EE. UU., en transacciones que comparó con las realizadas con Chevron. El petrolero ruso, previamente llamado Bella 1 y ahora Marinera, había estado bajo persecución por la Guardia Costera durante más de dos semanas. Reportes indican que la tripulación intentó ocultar su origen pintando una bandera rusa en el casco. La operación estadounidense contó con el respaldo aéreo y naval del Reino Unido, que proporcionó vigilancia y acceso a bases militares. Un juez estadounidense había emitido una orden de incautación previa, citando el historial del buque de transportar petróleo iraní para grupos vinculados al terrorismo. El Ministerio de Transporte ruso confirmó el abordaje y la
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