Un recorrido por los intentos y desafíos del sistema de movilidad en Guadalajara y sus alrededores El rechazo de los vecinos de El Salto al proyecto de un macrobús disfrazado de tren rumbo al aeropuerto no es un fenómeno reciente. Desde hace al menos 20 años, surgió una organización que buscaba que la zona conurbada de Guadalajara contara con un sistema de metro, acorde a las dimensiones de una gran metrópoli. Ciudadanos, con o sin rostro visible, ejemplificaron en su momento con otras ciudades que ya tenían un sistema de transporte colectivo similar al que, desde finales de los años sesenta, funciona en la Ciudad de México. Es así como los esfuerzos por un metro en Guadalajara quedaron relegados a simples intentos, ocurrencias, cambios de rumbo y una construcción intermitente de trenes ligeros que pretendían convertirse en el modelo de transporte público colectivo “a la tapatía” o, para estar a la moda, “al estilo Jalisco”. Es bien sabido que, tras la puesta en marcha del metro en el entonces Distrito Federal, comenzaron en los años setenta proyectos para impulsar un sistema similar en la capital de Jalisco. Uno de los casos más llamativos fue la línea que recorrería la Calzada del Federalismo, un proyecto presentado en 1974, que atravesó varias aventuras con trolebuses hasta que finalmente empezó a operar en 1989, pero ahora como tren ligero. Para 1994, cuando se concluyó la costosa línea 2, que conecta Tetlán con el parque Revolución en Juárez y Federalismo, el sistema todavía tenía cierta lógica, pues permitía enlaces y transbordos. Sin embargo, quedó incompleto, ya que se esperaba que esta línea llegara hacia el oriente, a Tonalá, y al poniente, por lo menos hasta la zona de La Minerva. Luego vino un período de inactividad en el desarrollo del sistema, coincidiendo con los gobiernos del PAN, que apostaron por promover el transporte tipo BRT por la Calzada Independencia. Aunque esta vía cruzaba con la estación de San Juan de Dios de la Línea 2, no formaba parte
