Mérida, Yucatán. – La reciente violencia militar y la inestabilidad política en Venezuela, marcada por ataques de misiles y sobrevuelos de helicópteros en Caracas el 3 de enero de 2025, evocan paralelismos con eventos pasados y plantean serias interrogantes sobre el estado de la democracia en el país sudamericano. Estos sucesos recuerdan al intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, liderado por Hugo Chávez Frías, que buscaba derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Aquel evento, que sumió a Venezuela en un clima de violencia, fue condenado por diversos sectores de la sociedad, aunque el ex presidente Rafael Caldera instó a reflexionar sobre las causas subyacentes de la insurrección. Caldera advirtió entonces que la democracia debía ser capaz de satisfacer las necesidades básicas del pueblo y combatir la corrupción. Sus palabras, pronunciadas en un contexto de crisis, resuenan hoy al analizar la situación del régimen chavista. La violencia militar y la injerencia extranjera, sin embargo, no se presentan como soluciones a los problemas de gobernabilidad y separación de poderes que han sido denunciados internacionalmente. La actual escalada de violencia en Caracas, con ataques aéreos que iluminan la noche, recuerda episodios similares en Gaza y Ucrania, evidenciando una preocupante tendencia global. Tras el intento de golpe de 1992 y otro posterior en noviembre del mismo año, Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1998, capitalizando el descontento popular ante la corrupción y los abusos. Durante sus más de dos décadas de gobierno, se documentaron casos de represión, encarcelamientos arbitrarios, tortura y muertes de figuras políticas y sociales, sin una reacción contundente por parte de la comunidad internacional. Actualmente, algunos venezolanos parecen ver en figuras políticas externas, como Donald Trump, un potencial
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