La quema de bosques en Sisal, Yucatán, evidencia la crisis del despojo territorial y el papel de proyectos privados en la destrucción del patrimonio natural y comunitario. El 14 de agosto de 2024, un incendio de gran escala en Sisal, municipio de Yucatán, transformó por unas horas el horizonte en un escenario de humo y cenizas, afectando áreas naturales y reservas en la región. Durante esa jornada, la comunidad observó cómo las llamas consumían extensas zonas de selva y monte, incidentes que coincidieron con las festividades religiosas locales y afectaron el acceso al puerto, cuyo único camino quedó bloqueado por el fuego. Este evento señala una problemática profunda que va más allá del siniestro: la transformación del paisaje y la resignificación del territorio por actividades humanas. La denuncia comunitaria apunta hacia una posible relación entre estos incendios y la expansión de proyectos inmobiliarios y turísticos en la zona, promovidos por actores privados y con un evidente interés en aprovechar el valor del litoral. En los últimos años, la proliferación de fraccionamientos, hoteles y loteos en torno a Sisal refleja un proceso de privatización que, respaldado por el auge del turismo, ha desplazado a las comunidades originarias y alterado el equilibrio ecológico. Históricamente, Sisal ha estado marcado por un proceso de despojo territorial, donde las tierras del municipio, anteriormente comunales, han sido gradualmente privatizadas a través de diversas formas, incluyendo la expropiación y el acaparamiento. Un ejemplo reciente es un proyecto de bonos de carbono denominado “carbón azul”, que prometía ingresos a los ejidatarios a cambio de conservación, pero fue boicoteado por intereses privados que promovieron conflictos sobre los límites del ejido. Estas maniobras han facilitado la venta de tierras comunales, muchas de ellas a inversionistas extranjeros y nacionales, generando un proceso de desplazamiento y pérdida de acceso a recursos tradicionales. El contexto
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