El verano ha comenzado y las tragedias por ahogamientos infantiles se incrementan. En lo que va del año, se han registrado ocho muertes de menores por esta causa y un total de 36 incidentes relacionados. Esta situación crítica pone de manifiesto la necesidad urgente de una mejor vigilancia.
Datos clave
- Ocho: Número de menores que han fallecido ahogados en lo que va del año.
- 36: Total de incidentes de ahogamiento reportados en el mismo periodo.
- 27 segundos: Tiempo que tarda un menor en empezar a ahogarse sin saber nadar.
- 1: Persona responsable debe vigilar constantemente a los niños en el agua.
El director técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo, Luis Miguel Pascual, enfatiza que el ahogamiento de los niños es silencioso. Este fenómeno puede ocurrir en pocos segundos, y confiamos erróneamente en que se oirán gritos o chapoteos, lo cual es un error grave. En muchos casos, el menor no tiene capacidad para pedir ayuda cuando su cara se encuentra sumergida.
Pascual advierte sobre la importancia de no delegar la vigilancia en otros. La supervisión debería ser exclusiva, con la designación de un adulto que no distrajera su atención al cuidado de los niños. Las distracciones, como mirar un teléfono o dar la espalda, pueden tener consecuencias fatales.
¿Qué papel juegan los dispositivos de flotación?
Muchos creen que los flotadores o manguitos pueden hacer que un niño esté seguro en el agua. Sin embargo, Pascual aclara que el único dispositivo realmente seguro es un chaleco salvavidas homologado. Los flotadores son juguetes y deben ser utilizados en un entorno controlado, siempre con la supervisión de un adulto.
Además, los elementos de flotación como churros y cinturones deben emplearse para facilitar el aprendizaje de habilidades acuáticas en un ambiente controlado, no como un sustituto de la vigilancia.
¿Cómo pueden los niños aprender a reaccionar frente al peligro?
El experto señala que es fundamental enseñar a los menores habilidades básicas de autorrescate desde temprana edad. Esto incluye realizar acciones como sumergirse, salir a flote y nadar hacia un borde seguro. Con tiempo y práctica, los niños pueden automatizar estas reacciones, aumentando sus posibilidades de sobrevivir en caso de un accidente.
Ante este panorama alarmante, la clave para prevenir ahogamientos infantiles reside en la vigilancia activa por parte de un adulto y la enseñanza de habilidades de seguridad en el agua. Los descuidos pueden ser críticos.
Con información de eldiario.es

