San Vicente Coatlán, Oaxaca. - En esta comunidad zapoteca, la migración ha impactado significativamente las festividades del Día de Muertos, con un estimado del 50% de su población que ha emigrado a Estados Unidos. Las tradiciones, que solían extenderse hasta siete días, se han reducido a solo dos días de celebración.
Durante la festividad, una parte del ritual incluye la música de "Dios nunca muere" y el sahumerio de copal, mientras familiares y amigos recuerdan a los difuntos en el panteón. Sin embargo, el tiempo dedicado a estas ceremonias se ha acortado debido a la falta de recursos y a la pérdida de las "casas grandes", donde se realizaban encuentros familiares. Luis, un mototaxista local, comentó que este cambio se debe en gran medida a los nuevos asentamientos religiosos que han alterado las tradiciones locales.
"Anteriormente eran muchas casas y por eso la fiesta duraba hasta ocho días", explica Juana Hernández, artesana textil y suplente del Comisariado de Bienes Comunales. Ella describe cómo los rituales han cambiado, así como la preparación de alimentos para las almas de los muertos. En lugar de grandes banquetes, las familias ahora optan por ofrendas más sencillas que están limitadas por las restricciones económicas.
El 3 de noviembre, las ánimas retornan al más allá y los topiles, o policías comunitarios, transportan las ofrendas al centro de la comunidad para compartir con los habitantes. Las tradiciones continúan, aunque el porcentaje de personas que participan ha disminuido notablemente con la emigración. Las autoridades comunales reconocen que este fenómeno tiene profundas implicaciones en la preservación cultural de la comunidad.
Con información de elporvenir.mx

