Ciudad de México, CDMX. - La oposición en México se enfrenta a un escenario complicado a solo un año del inicio formal del proceso electoral de 2027, que arrancó el pasado 10 de septiembre. Ante un contexto de creciente confusión entre el Estado y el partido en el poder, se han evidenciado preocupaciones sobre la equidad y la imparcialidad del proceso electoral.
En el Informe de Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum y las festividades del Grito de Independencia, las críticas destacan un uso inapropiado de actos institucionales para fines partidistas. La interpretación del concepto de soberanía nacional ha cambiado, con el oficialismo promoviendo la idea de que cuestionar al gobierno es un ataque a la patria. Esta retórica genera un ambiente en el que la crítica se penaliza, en lugar de ser parte del diálogo democrático.
El Instituto Nacional Electoral (INE), que debería actuar como árbitro imparcial, ha visto comprometida su autonomía. La controversia por el reciente acuerdo que permite la validez de “boletas planchadas” ha levantado alarmas sobre la posibilidad de manipulación en las elecciones. Esta situación, sumada a la censura selectiva contra la oposición y la tolerancia hacia el derroche de recursos por parte de la administración, hace que el ejercicio democrático se vea amenazado.
La respuesta de la oposición debe ser clara y efectiva. Es imperativo que la ciudadanía también asuma un papel proactivo, exigiendo un marco legal que garantice la certeza electoral. Bajo las circunstancias actuales, las fuerzas políticas deben considerar estrategias radicales, como la limpieza inmediata del INE o incluso la no participación en un proceso que consideran arreglado.
La definición del rumbo de la democracia en México está en juego. La presión social y política debe aumentar en los próximos meses, ya que la legitimidad del ejercicio electoral en 2027 depende de la capacidad de la oposición para actuar y movilizar a la sociedad en defensa de la legalidad.
Con información de zocalo.com.mx

