Managua, Nicaragua. - La represión política bajo el régimen de Rosario Murillo se intensifica, afectando a los derechos civiles de los ciudadanos. Desde 2018, las manifestaciones pacíficas han sido sofocadas con violencia letal, resultando en un clima de miedo y control social en el país.
A lo largo de los últimos años, la situación política en Nicaragua se ha deteriorado considerablemente. Murillo ha consolidado su poder mediante tácticas de represión, donde la violencia y la coerción se han vuelto comunes, en un contexto donde los derechos humanos son sistemáticamente despojados. De acuerdo con informes, el estado de derecho ha sido completamente socavado, y la oposición al régimen enfrenta graves consecuencias.
En este contexto, las autoridades prefieren mantener el control a través de la fuerza, evitando el diálogo e ignorando las normas internacionales de derechos humanos. La situación se ha caracterizado por la criminalización de la disidencia y la censura de los medios de comunicación, lo que ha llevado a la certeza de que el actual régimen opera bajo una política de amedrentamiento constante.
Murillo se ha beneficiado de una combinación de aislamiento internacional y la falta de respuesta efectiva ante su régimen autoritario. La represión cuidadosa de las disidencias y la violencia selectiva han minimizado la atención internacional hacia Nicaragua, permitiendo que el régimen funcione con mayor opacidad.
Se espera que en los próximos meses continúe la presión sobre la población nicaragüense si no se generan cambios significativos en el ámbito internacional que puedan obligar al régimen a una mejora en el respeto a los derechos humanos.
Con información de confidencial.digital

