Problemas estructurales, saturación aeroportuaria y falta de políticas de Estado han erosionado la posición del sector aéreo en México, agravando riesgos y desigualdades. El sistema de aviación civil en México enfrenta una de sus peores crisis en décadas, resultado de una serie de problemas estructurales que se han acumulado por años. La saturación en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se ha agravado por la asignación poco transparente de slots y la falta de adherencia a estándares internacionales, lo que limita la competencia y aumenta los riesgos operativos. Esta situación critíca, que ya afecta a otros aeropuertos clave como Cancún, Monterrey y Guadalajara, se deriva en parte de decisiones políticas pasadas que no priorizaron una reforma profunda en el sector. Desde el sexenio de Enrique Peña Nieto, la administración del aeropuerto capitalino ha mostrado una evolución insostenible, heredando problemas que se agravaron en los gobiernos posteriores, incluyendo el actual. La ausencia de una autoridad reguladora especializada, con facultades y recursos adecuados, ha dificultado la implementación de reformas esenciales, como la creación de una agencia federal de aviación que supervise y modernice el sector bajo criterios internacionales. La inacción ha derivado en una pérdida de competitividad global, impidiendo a México consolidarse como un hub regional. En el contexto actual, la atención de Estados Unidos al sector aéreo mexicano pone de manifiesto la necesidad de una política de Estado que garantice la modernización y regulación efectiva del sector. La adopción de buenas prácticas internacionales, especialmente en la asignación de slots en aeropuertos saturados, es crucial para evitar colapsos y promover una operación más eficiente, transparente y competitiva. Solo mediante decisiones políticas firmes y estructurales podrá México recuperar su potencial en la industria aérea.
