La desinversión y el declive del sector petroquímico, junto a la falta de renovación sindical, evidencian los desafíos económicos y políticos del país. San Lorenzo, ubicada en el corazón del Cordón Industrial del Gran Rosario, enfrenta una profunda crisis que refleja la difícil situación de la economía argentina. Históricamente, esta ciudad fue un polo clave en la producción petroquímica y portuaria, con uno de los parques industriales más importantes del país que en su apogeo brindaba empleo a miles de trabajadores calificados. Sin embargo, décadas de desinversión, cierre de plantas y políticas de apertura han deteriorado su perfil industrial y su capacidad productiva. El sector petroquímico, crucial para la economía local y nacional, sufrió una serie de golpes en los últimos años, entre ellos, la discontinuación de operaciones de plantas importantes como la refinería de YPF, Arzinc, Pampa Etileno y Daw Argentina, lo que impacta directamente en la generación de empleo y en la competitividad del sector. La pérdida de estas instalaciones evidencia una tendencia de desindustrialización que se aceleró con las políticas recientes y la falta de inversión en infraestructura productiva. En paralelo, el sindicalismo en la región muestra signos de estancamiento y falta de renovación generacional. Líderes tradicionales, como Héctor Daer, han anunciado su retiro, dejando un vacío difícil de cubrir frente a desafíos tan severos. La necesidad de una mayor participación de la nueva generación y de un enfoque estratégico en la defensa de los derechos laborales y de la industria es más urgente que nunca. Los gremios enfrentan además la amenaza de la crisis económica, que ha llevado a una importante caída en los niveles de empleo y un aumento en la pobreza laboral. Los efectos del modelo económico impulsado por las políticas de Javier Milei se evidencian en el aumento del desempleo y la pérdida de capacidades industriales. La economía se orienta hacia la flexibilización y la especul
