CIUDAD DE MÉXICO, CDMX. – Cada 17 de diciembre se conmemora una fecha internacional destinada a visibilizar, denunciar y sensibilizar sobre la violencia y los crímenes cometidos contra trabajadoras y trabajadores sexuales. La jornada busca recordar a quienes han perdido la vida y poner de manifiesto la precaria situación laboral, la discriminación, la criminalización y la falta de protección legal y acceso a servicios de salud que afectan a este colectivo. La problemática cobró visibilidad internacional con casos como el de Gary Ridgway, el Green River Killer, quien en las décadas de los ochenta y noventa asesinó al menos a 48 mujeres en Estados Unidos, muchas de ellas trabajadoras sexuales. Ridgway confesó haber elegido a sus víctimas por considerarlas personas desprotegidas y marginadas, evidenciando la doble violencia que enfrentan: la directa y la estructural del abandono institucional. Las estadísticas actuales subrayan la exclusión que sufre este sector: un 89 por ciento de las trabajadoras sexuales a nivel mundial carece de acceso a atención médica. Esta falta de acceso incrementa su vulnerabilidad ante la violencia y problemas de salud, incluyendo infecciones de transmisión sexual y VIH, con una prevalencia entre un 10 y 12 por ciento mayor que en la población general. La salud mental también se ve gravemente afectada por el estigma social, la violencia cotidiana y la ausencia de redes de apoyo, derivando en ansiedad y depresión. Más allá de la atención médica, se considera indispensable el reconocimiento formal del trabajo sexual como actividad laboral. Sin este estatus, millones de personas quedan privadas de derechos básicos como incapacidad, pensión, seguro de desempleo, vacaciones y atención médica continua, a pesar de las largas jornadas, los altos riesgos y las múltiples formas de violencia que enfrentan. En más de 60 países, el trabajo sexual sigue siendo criminalizado. Actualmente, se estima que alrededor de 42 millones de personas trabajan en el co
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