El concepto de “chilango-centrismo” se refiere a la tendencia de ciertos grupos en la Ciudad de México a considerar sus políticas y estrategias como las mejores para el país. Este fenómeno incluye a políticos, líderes de opinión y medios de comunicación, quienes imparten una visión unilateral sobre los problemas que enfrenta México desde el centro, ignorando las realidades locales.
Este enfoque prevalece en la interpretación de eventos que ocurren en otras partes de la nación. Decisiones sobre asuntos como la violencia en Juárez o la pobreza en Chiapas suelen ser tomadas desde la capital, lo que influye en la forma en que se aborda cada situación específica. Esto genera narrativas que tienden a eclipsar las voces de las comunidades afectadas.
Por ejemplo, esfuerzos por combatir la pobreza y la inseguridad han resultado en la inversión de grandes sumas de dinero, pero las soluciones aplicadas en diferentes estados han sido similares. En lugar de generar mejoras sostenibles, ha sido la participación de las comunidades locales la que ha logrado cambios significativos, mostrando que las estrategias centralizadas no siempre son efectivas.
La llegada de la democracia en el país no ha logrado erradicar este problema. A menudo, los gobernadores asumen papel de autoridades absolutas en sus regiones, legitimando así un nuevo centralismo que perpetúa la corrupción y debilita la autonomía municipal. Esto se ha visto reflejado en las últimas elecciones, donde las percepciones desde la capital contrastan con la realidad vivida por los ciudadanos de otros estados.
Recientemente, en Coahuila, los resultados de la elección del PRI se interpretaron de manera diferente en la capital y el estado. A pesar de un resultado similar, las narrativas polarizadas revelan la desconexión entre las decisiones del centro y las realidades en los territorios. El “chilango-centrismo” continúa siendo un obstáculo para una comprensión integral de los retos nacionales.
Con información de vanguardia.com.mx

