Empresas y legisladores enfrentan riesgos y debate sobre la posible implementación de nuevos aranceles para proteger la industria local, en medio de signos de desaceleración económica. En un contexto de creciente tensión comercial, México contempla la posible imposición de aranceles a productos provenientes de China, incluyendo automóviles, acero, ropa y cartón. La iniciativa tiene como objetivo fortalecer la producción local y corregir desequilibrios comerciales, aunque ha sido recibida con rechazo por diversos sectores empresariales y políticos. La dependencia del país en insumos chinos es alta; en 2024, las importaciones desde China superaron los 129 mil millones de dólares, mientras las exportaciones apenas alcanzaron los 9 mil millones. La comunidad empresarial advierte que una aplicación inmediata de estos aranceles podría interrumpir cadenas de suministro cruciales, especialmente en sectores como la electrónica y la automoción, que dependen en gran medida de insumos chinos. La economía mexicana ya muestra signos de debilitamiento, con una reducción del 0,3% en su PIB en el tercer trimestre y una contracción en su industria. Investigadores y exfuncionarios económicos sugieren que, para evitar dañar la competitividad y afectar la relación con Estados Unidos, cualquier cambio en la política tarifaria debe ser implementado de forma gradual y cuidadosamente calibrado. A pesar de estos desafíos, empresas chinas siguen invirtiendo en México, y algunas multinacionales consideran trasladar centros logísticos desde Estados Unidos hacia el norte del país para aprovechar ventajas comerciales ante un posible cambio en las reglas del juego regional.
