La nueva estrategia busca proteger empleos y estimular industrias nacionales, pero enfrenta riesgos de afectación económica y represalias internacionales. En un movimiento que marca un cambio en su política comercial, México ha elevado los aranceles a productos importados, principalmente de China, su socio comercial más importante. La medida busca fortalecer industrias nacionales y proteger alrededor de 325,000 empleos en estados clave como Nuevo León, Jalisco y Querétaro, además de promover la creación de nuevos polos de desarrollo en áreas como la tecnología, la farmacéutica y la microelectrónica. La actualización de los gravámenes eleva el promedio a casi 34%, alcanzando niveles del 50% en sectores como autopartes, textiles y calzado, siempre ajustándose a los compromisos internacionales y a la Organización Mundial de Comercio. No obstante, especialistas advierten sobre los riesgos asociados. La imposición de aranceles puede encarecer los insumos utilizados por empresas mexicanas, especialmente aquellas integradas en cadenas de suministro internacionales que dependen de productos chinos subsidiados en su origen. La historia reciente muestra que medidas similares en Estados Unidos y Europa han derivado en represalias que afectan también a inversiones y proyectos de largo plazo en México. A su vez, expertos señalan que China podría responder con sus propios gravámenes, poniendo en riesgo relaciones comerciales y financieras, además de impactar directamente en consumidores de bajos ingresos mexicanos y en la competitividad del país en el mercado global. Estos cambios reflejan un giro en la postura arancelaria mexicana después de décadas sin modificaciones sustanciales, impulsadas por las presiones de Estados Unidos y la tendencia internacional hacia el proteccionismo. Sin embargo, críticos advierten que sin una política industrial sólida y una estrategia de transferencia tecnológica, el objetivo de sustituir importaciones con producción local podría no cumplirse a c
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