La actualización fiscal busca frenar el consumo de productos dañinos, generar ingresos para la salud pública y enfrentar emergencias sanitarias. En México, se han implementado incrementos en los impuestos aplicados a diversos productos considerados nocivos para la salud. Entre las novedades destaca la elevación del impuesto sobre los refrescos, que pasará de 1.65 a 3.08 pesos por litro, casi duplicándose en términos relativos. Además, las bebidas con edulcorantes también ingresan a la lista con un gravamen de 1.5 pesos por litro. El sector del tabaco enfrentará un crecimiento en su carga fiscal, con un impuesto por cigarro que actualmente será de 0.85 pesos y aumentará a 1.15 pesos en 2030, además de elevar su tasa ad valorem a un 200%. En el ámbito digital, los juegos clasificados para adultos tendrán un nuevo impuesto del 8%, y las apuestas en línea verán un aumento del 30% al 50% en sus tasas. Esta serie de medidas responde a una problemática creciente: México presenta niveles alarmantes de obesidad y enfermedades relacionadas, atribuibles en gran medida al consumo de productos azucarados y tabaco, que generan una carga significativa en el sistema de salud. El contexto que rodea estas reformas evidencia que, si bien impactan económicamente en las familias y empresas, buscan reducir la ingesta de productos que contribuyen a problemas de salud pública, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. La estrategia se respalda en recomendaciones internacionales, como las de la Organización Mundial de la Salud, que destacan los impuestos como una de las herramientas más efectivas para disminuir el consumo. Sin embargo, también enfrentan críticas por su posible efecto regresivo, afectando en mayor medida a los hogares de bajos ingresos, además del riesgo de aumentar el contrabando en productos como los cigarrillos. Este cambio fiscal busca no solo mejorar la salud ciudadana, sino también crear un fondo presupuestal que permita financiar campañas preventivas y ate
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