La seguridad vial en Panamá enfrenta un desafío crucial mientras las cifras de víctimas en siniestros se mantienen alarmantes. A pesar de las mejoras en infraestructura y un endurecimiento de las sanciones, es evidente que el paradigma actual, que asume la perfección del usuario, ya no es suficiente. Se propone un nuevo enfoque, el Sistema Seguro, que reconoce la fragilidad humana y los inevitables errores.
Este enfoque aboga por diseñar un entorno que minimice las consecuencias fatales de los errores en la conducción. En lugar de construir vías que aumenten el riesgo, se insta a crear un sistema de transporte que ofrezca margen de error. Cada cifra en la estadística representa un impacto significativo en la vida de las personas, lo que subraya la necesidad de repensar la seguridad en el tránsito.
La velocidad es un factor crítico en la seguridad vial, y se ha observado que los peatones, a menudo desprotegidos, constituyen una gran parte de las víctimas. En la última década, entre el 40% y 49% de las muertes en vías son de peatones, algunos de los cuales ni siquiera tienen condiciones óptimas para desplazarse. La tendencia global sugiere limitar la velocidad en asentamientos a 30 km/h para aumentar las probabilidades de sobrevivencia en caso de accidentes.
Implementar el Sistema Seguro en Panamá requiere una estrategia integral y coordinada en la gestión de la seguridad vial. Esto incluye el diseño de vías más seguras, la exigencia de estándares de seguridad para vehículos y la promoción de la responsabilidad entre usuarios. También es esencial optimizar la respuesta tras incidentes para que las lesiones no se conviertan en tragedias fatales.
Adoptar este enfoque proactivo es un compromiso ético que reconoce que los siniestros no son accidentes inevitables, sino fallas dentro del sistema que pueden ser prevenidas. Así, la prioridad en las vías debe centrarse en quienes son más vulnerables.
Con información de laestrella.com.pa

